Helo aquí me encontraba en mi hogar cuando un pequeño animal llamó mi atención, molestándome en mis que haceres diarios nublando mi mente con su contoneante movimiento. Viéndole mi ira subió queriendo terminar con su danzante baile. Pero un pensamiento embriagó este sentimiento: ¿Qué idea recorrería las pocas neuronas de aquel pequeño díptero? Un ser de dimensiones titánicas amenazaba con acabar su vida siendo aplastado, sin saberlo él, simplemente por el hecho de estar. ¿Que ocurriría en el caso de que un ser superior estuviese ahí tratando de acabar con vuestra vida decidido por sus propios designios?
De esta forma tan poco ortodoxa, comprendí la realidad de la religión. De la religión dura, aquella de las normas estrictas e inverosímiles, piadosa de sus actos y temerosa de lo que va a ocurrir. Aunque no esperan manotazos provenientes del cielo, parece que son más adecuados los meteoritos y las lluvias solares.
La otra, la blanda y sin sentido, la hemos visto estos días porque son la mayoría que recorren las calles de nuestras ciudades en esta Semana Santa. Personas de todas las edades, que no se acercan a una iglesia a no ser que les prometan algo de alimento gratuito después, afirman su debotismo paseando y adorando ciertas imágenes diferentes, en contra de aquel mandamiento de No adoraras falsos ídolos, que, por cierto, la Iglesia Católica a eliminado a gusto, ya que la Macarena no se puede comparar con la Trianera ni el Gran Poder con el cristo de los gitanos...
- ¿Y a que religión verdadera debería adorar? - Me contó en ensoñaciones mías aquel insecto que provocó tal duda
- Pequeño insecto, la religión no es verdadera o falsa, la religión es lo que tu quieras que sea. Pasarás a mejor vida de una forma u otra.






