Para los que pensaban que iba a llamar esta entrada "Houston, tenemos un problema", hubiese sido muy evidente. Esa frase, que se le atribuye a Jim Lowell (Tom Hanks en la famosa película), realmente fue dicha justo antes por Jack Swigert (Kevin Bacon) tal y como la recordamos. La que encabeza la entrada... tiene una historia parecida.
Hace justo 40 años, hizo una semana totalmente normal. Los pájaros piaban, las tartas se enfriaban en las ventanas, tres astronautas hacían lo que para muchos un viaje rutinario a la Luna, y los lecheros traían su mercancía casa a casa.
Centrándonos en los astronautas, ellos viajaban en el llamado
Apolo 13 y eran
Fred Haise,
Jack Swigert y
James Lovell (Quien ya se dio una vuelta por allí en el
Apolo 8) y partieron el 11 de abril, y se supone que ayer, 15 de abril de hace 40 años, tanto Lovell como Haise hubiesen pisado la Luna. Pero un día y pico después de salir
tuvieron un problema.
(1) Fallo reproducido en el tanque de Gas, (2) Visión por telescopio del accidente, (3) Destrozos en el módulo del Apolo 13
Un defecto produjo una chispa en los tanques de oxígeno, que explosionó dejando un reguero de oxígeno tras la nave. Eso supuso varios problemas: El primero, la necesidad de oxígeno para respirar. El Apolo no podía dar media vuelta, la única forma de volver era ir a la Luna, y desde allí dirigirse a la Tierra.. ¡Pero eso eran mínimo 4 días de camino en ese estado! El segundo, un problema eléctrico que les dejó con muchos problemas de consumo de energía, y el tercero, que debían cambiar todo el plan de trabajo para la misión de sobrevivir.
Para superar esto, los astronautas lo único que podían hacer es economizar, y aguantar. Nada o casi nada podían hacer, y realmente estaban en manos de la suerte, de los héroes en la sombra que fueron los operadores en tierra.
Trabajo en el Control de Misión en el Centro Espacial Lyndon B. Johnson (Houston) durante el Apolo 13
Gene Kranz fue uno de los directores de vuelo, y el más conocido, que participó en esta historia. Tras el pánico e incertidumbre que produjo el accidente, reunió a todos los operadores y les soltó un discurso del que se recuerda, sobre todo, la frase de
El Fracaso no es una opción. Ellos podían salvarlos, ellos los podían traer a casa.
¿Qué soluciones se les ocurrieron? Lo primero fue desconectar el módulo de mando y "mudarse" al módulo lunar (con el que hubiesen bajado a la luna) para ahorrar energía y oxígeno, aunque para ello tuvieron que fabricar un adaptador para el filtro de CO2... tarea que no es tan fácil sabiendo que todo el material disponible era el de la nave, no había más. Pero en el centro de control se apañaron, y gracias a una lluvia de ideas consiguieron el invento, con cintas aislantes, bolsas, etc. Debían racionalizarlo todo, bebían menos de un vaso de agua al día, el ahorro de energía les provocó soportar temperaturas bajo cero, y todos los cambios en los datos de navegación debían ser cambiadas, introduciendo los programas a mano en los ordenadores de última generación de 64 Kb que había en la nave, teniendo en cuenta la restricción de energía, y, aunque parezca increíble, la escasez de papel para que los astronautas apuntasen todos los códigos que les enviaban desde Houston.
(1) La oscura vida en el módulo "Salvavidas" (2) El filtro de CO2 "improvisado" (3) La difícil re-entrada
La primera prueba de fuego, fue al llegar a la Luna. Debían encender los motores y el ordenador en la cara oculta de la Luna para salir de su gravedad, y un segundo de más o menos podía mandarlos muy lejos y sin posibilidad de regresar. En alguna parte leí que esto era tan complicado como enhebrar una aguja de coser a varios centenares de metros, y esta vez se tuvo que hacer a mano. Gracias a las pruebas en tierra se consiguió.
Una vez cerca de la tierra, se llevó a cabo el plan de re-entrada. Se deshicieron del dañado módulo de mando, y cundió el pánico. Los daños que pudieron observar hicieron dudar si el módulo de re-entrada no estaría también dañado, y mientras se despegaban del módulo lunar que les había servido de salvavidas todo el viaje, en tierra cruzaban los dedos para que esto no fuese así. ¡Todo se podía estropear en el último momento!
Pero no fue así. Llegaron sanos y salvos. Entre todos habían perdido el doble de peso que en cualquier otro viaje del Apolo, con infecciones de orina y diversas enfermedades por el frío (Haise, en la foto saludando, llegó completamente roto y enfermo).
Mientras en el control de misión, Kranz y el resto de operadores lo celebraban este "Glorioso Fracaso" donde la NASA salió reforzada, con champán, puros y banderitas americanas. Así de locos están estos americanos.
El Fracaso no es una opción también se convirtió en un libro escrito por Gene Kranz y en un documental de homónimo nombre, donde el propio Kranz y sus avispados compañeros cuentan como vivieron toda la carrera espacial siendo los primeros espectadores y segundos protagonistas. Os los recomiendo encarecidamente, ya que es uno de los documentales que más me han gustado del tema.